domingo, 26 de mayo de 2013

Papá

Es tarde y todavía no ha vuelto. Permanezco sentada mirando el televisor mientras intento no quedarme dormida. Estoy preocupada ¿Dónde estará? ¿Y si le ha pasado algo? Calma. Ya es mayor. No, no puedo estar tranquila ¿Cómo ha pasado el tiempo tan rápido? Hace nada era un niño adorable, inocente, cariñoso... pero ha crecido... y yo también. Me miro al espejo y no me reconozco. Antes no era así. Esas arrugas no estaban ahí. Esas ojeras tampoco. Ni esos ojos cansados. Ojalá estuviera su padre para tener algún apoyo, pero no está, se marchó hace mucho, no estábamos bien. Vuelvo a mirar el reloj. Las cinco de la madrugada. Vuelvo a llamarle al móvil. Recuerdo que mi madre hacía lo mismo, ahora la entiendo. Y yo la llamaba pesada... Oigo como la puerta se abre con sigilo y que alguien entra. Tiene mala cara y me mira desde el centro del salón durante un segundo antes de salir al cuarto de baño corriendo. Ha bebido demasiado. Le riño, y él me dice que no le comprendo ¿Cómo no le voy a comprender si yo también he tenido su edad? Pero entonces veo cómo lágrimas incontroladas manan de sus ojos y cae de rodillas. le calmo mientras llora sobre mi regazo en el suelo frío y húmedo del servicio. Me cuenta lo que le ha pasado, su padre ha muerto en un accidente ¿Porqué le han llamado a él y no a mí? Claro, su hijo ya es mayor de edad y yo divorciada. Intento consolarle pero, ¿Que puedo decir? Nos quedamos en silencio mientras intento no desmoronarme, le quise mucho. Mi hijo se levanta del suelo él solo y tras una breve mirada se encierra en su cuarto. Lleva semanas sin salir. Un corazón es fácil de romper pero difícil de reparar e imposible de hacerle olvidar.

jueves, 23 de mayo de 2013

Predestinados

Veo algo a tu espalda, no sé que es, pero tengo curiosidad y te pregunto, no me contestas, simplemente me muestras una rosa tan roja como la sangre y mis mejillas se sonrojan mientras te beso de alegría. Tienes otra sorpresa, pero me vendas los ojos antes. Siento su respiración en mi cuello y me dan escalofríos, su calor... estamos tan cerca... Un olor embriagador me impide oler nada más. Me destapa los ojos y ya sé donde estamos, no es nada del otro mundo pero para mí es especial, ahí le conocí. Mi coche estaba repleto de rosas rojas como la que me había dado y él en un susurro al oído me dice, una rosa por cada vez que muero por ti cada día, y entonces la que muere en ese momento soy yo y a la mente se me viene un recuerdo...
Rojo. El semáforo parece no querer cambiar de color hoy. Pongo la radio. Tarareo una canción que hace mucho que la conocía y dicen que es nueva. Tamborileo con los dedos en el volante y, de repente, la puerta del copiloto se abre y entra un chico rubio al que le falta la respiración que me suplica que vaya al hospital. Está herido, tiene la camiseta empapada de sangre que mancha la tapicería del coche, el semáforo se pone en verde y voy todo lo rápido que puedo. Le dejo en el hospital, pero me bajo con él, le ayudo...
Ese fue el comienzo de todo, de ahí que las rosas fueran tan rojas como la sangre en mi coche. En el hospital, nos hicimos amigos y el destino hizo lo demás ¿Predestinados? puede ¿Lo amo? con todo mi corazón ¿Me ama? Si así es, soy afortunada. Te quiero, me susurra al oído, ahora, he vuelto a morir por ti una vez más.

jueves, 16 de mayo de 2013

No quiero extrañar nada

De fondo suena una canción. Me gusta pero no conozco quién la canta. Permanezco sentado sobre la barra de un bar, mirando fijamente el contenido del vaso que tengo delante. Espero a alguien, pero esta persona no aparece. Seguramente no venga. Me levanto. Suspiro. Cabizbajo salgo el establecimiento. Choco con algo. Alguien. Ha caído al suelo. Le doy la mano y la ayudo a levantarse. Lleva un vestido verde precioso. Me disculpo. Sonríe. Le invito a tomar algo como disculpa. Accede. Hablamos. Reímos. Nos enamoramos. No es la última vez que tomaremos algo en aquel bar. Tampoco será la última vez que escuchemos ''I Don't Wanna Miss A Thing'' de Aerosmith. Ni la última vez que recordemos entre risas como nos conocimos. No es la última vez que me quedo embelesado con su mirada, ni con su sonrisa, ni con el hoyuelo que se le forma al sonreír... Mi corazón palpita y salta de alegría ¿Nos casamos? Sí. Reímos. Lloramos. Te quiero. No. Te amo. Algo me sorprende. Han pasado ya dos años. Todavía recuerdo la letra de aquella canción... ''Acostado cerca de ti, siento latir tu corazón, y me pregunto con qué estás soñando, me pregunto si será conmigo. Luego, beso tus ojos y agradezco a Dios que estemos juntos Y sólo quiero estar contigo en este momento para siempre, para siempre, siempre...'' Aquella canción se a convertido en algo especial. Es lo que siento cuando estoy a su lado ¿Es esa la felicidad? No creo que alguien pueda ser más feliz de lo que ya soy con ella. Ahora. En este instante, tarareo aquella canción y la canto muy bajito mientras recuerdo aquellos momentos, con un bebé en brazos le mezo hasta que cierra los ojos. No quiero echar de menos nada, no quiero extrañar nada, dice la canción... No, no quiero.

domingo, 5 de mayo de 2013

Hermanas de Corazón

No recuerdo exactamente el día, tampoco la hora, pero sé que en algún momento, hace una vida, nos conocimos. En aquella aula de guardería que nos unió para siempre conocí a dos personas que marcarían mi vida y ni si quiera podría imaginarlo. Dos personas que años después consideraría mis hermanas de corazón, a las que no podría vivir sin ellas, las que lo saben todo y las que quiero que, aunque una se haya marchado, aún seamos siendo hermanas. Recuerdo alguna travesura, muchas risas, algún que otro llanto, pero nunca un enfado. Siempre juntas, alegres, y sintiendo cada minuto que estamos juntas. Alguien me dijo que no puedes explicar un sentimiento, no le falta razón, pero lo único que sé es que por ellas lo daría todo, incluso mi vida, como la daría por un hermano o cualquier familiar. Muchos dirán que estoy equivocada, que no hay nada como un lazo de sangre, pero el roce hace el cariño y, al igual que a lo largo de mi vida quiero a mi familia, de igual manera las quiero a ellas, que también las considero como parte de ella, como una parte imprescindible y que, a pesar de todos los problemas, siempre las tendré a mi lado, al igual que ellas me tendrán a mí. Soy afortunada de que en un mundo tan grande, con tantos continentes, países y personas haya encontrado a dos que verdaderamente puedo llamar amigas, y amigas muy especiales porque hemos compartido nuestros primeros pasos, nuestros primeros garabatos, nuestro primer colegio, nuestro primer paseo en bici, nuestra primera comunión (aunque no pudimos asistir porque la hicimos el mismo día, estábamos juntas), nuestro primer amor, nuestra primera separación... Y, aunque solo soy una simple adolescente, puedo decir que esta amistad durará hasta que caiga la última de nosotras. Nacimos, a los cuatro meses nos conocimos y, hasta nuestra muerte, seguiremos siendo lo que siempre fuimos, Hermanas de Corazón, o como nosotras resumimos todo este párrafo de vivencias... Somos y nos conocen como Las Sisters.
Paula y María, estaréis siempre en mi corazón...
Una Canción para Todo