martes, 30 de julio de 2013

A la luz de la luna...

Mi corazón va cada vez más de prisa, siento un nudo en el estomago y tengo la sensación de que nada es como debería. Hago tripas corazón y espero sentada en aquel banco del centro vestida con lo que menos me horroriza de mi armario. Ahí está él, sonriente, como siempre. Dios, qué sonrisa, qué ojos. Se saludan con dos besos pero mis palabras se traban ¿Por qué cuando estoy con él se me tropiezan las palabras? Debo parecer estúpida. Una risa nerviosa al escuchar uno de sus chistes. Si es que lo tiene todo. Cualquier chica querría estar con alguien como él. Me gusta ¿Para qué negarlo? Me gusta mucho. Hago un comentario fuera de lugar del que me arrepiento en seguida, sin embargo, el sonríe. Habla y me encanta escucharle. Su forma de hablar, caminar, reír.... Todo es tan perfecto si sale de él... Lástima que él no sepa lo que siento. Ni lo sabrá. Un chico cómo él no querría a alguien cómo yo. Nunca. Sin embargo, al despedirnos, algo cambia, se acciona. Ya no sonríe, me mira fijamente y las mariposas se han sustituido por una montaña rusa. Se está acercando cada vez más, siento su aliento mucho más cerca y no entiendo cómo es que no me ha dado un ataque de corazón cuándo posa sus labios sobre los míos. Hoy la luna brilla más que nunca y un sueño, se ha hecho por fin realidad.

lunes, 22 de julio de 2013

Un nuevo día

Una vez me dijiste que me querías, que lo nuestro sería para siempre, sin embargo, ahora lloro sobre la almohada. Las lágrimas no cesan. Intento olvidarte, pero no puedo. Quiero correr tras de ti, que todo no puede haber acabado tan pronto. Recuerdo tu silueta perderse entre la niebla dejandome allí sola y desconsolada. No entiendo la razón por la que te fuiste. Pero fuera cual fuese la razón no voy a hundirme. Abro los ojos y me levanto de la cama, me miro al espejo y me limpio el rímel de las mejillas. No pienso permitir que mi mundo se desmorone. Nadie merece estas lágrimas, nadie merece verme sufrir por nadie. Soy fuerte. Lo suficientemente fuerte para abrir mi armario y transformarme en la mujer que solía ser. Decidida. Atrevida. Segura. Hoy es un nuevo día. Salgo de la habitación. Ahora siento que todo se calma. Todo sigue igual que hace unos días. El mundo no se ha parado ni es mejor ni peor. Está igual. Todos están igual. Nada ha cambiado. Excepto yo. Hoy soy un poco mejor que ayer pero peor que mañana. Siento fuerzas para enfrentarme al mundo. De ser libre. Soy libre. Pienso salir, disfrutar de la vida, comerme el mundo y ser la persona que quiero ser. Diferente y, sobre todo, feliz. Cierro la puerta de mi casa dónde se quedan todos mis temores. Inspiro. Si, hoy va a ser un gran día.