Miro hacia arriba y te veo a ti. Tu cabello rubio como el oro se agita por el viento molestándote en los ojos, Tus ojos, grises, tan grises como la niebla, tan grises como mi mundo sin ti. Bajas la mirada y se ensombrecen por las largas pestañas que enmarcan tu mirada y, con tan sutil gesto, se me derrite el alma. Pareces angustiado, enfadado, la línea de la mandíbula se endurece, tus manos se convierten en puños y yo te miro desde abajo esperando a que levantes la mirada, que me veas y que sientas la misma necesidad que yo siento. Estás en un balcón con las manos apoyadas sobre el barandal, tenso e inseguro como un niño enfadado. Pero sin aguantarlo más, en la solitaria calle te grito un <<Te Quiero>> y por fin, tras buscar en la oscuridad , me miras, te miro con una leve sonrisa y veo como tus músculos se relajan, cómo ya no endureces la mandíbula cómo la fina línea de tus labios se convierte en una gran y perfecta sonrisa , dos hoyuelos se forman en tus mejillas dándote aquel toque único tan especial. No esperas un segundo. Bajas corriendo, sólo con una camisa gris de mangas cortas al frío callejón dónde yo me encuentro. Me rodeas entre tus brazos y me alzas del suelo mientras nos fundimos en un beso que nos da calor a los dos mientras tras una ligera vuelta mis pies rozan de nuevo el suelo tambaleándose y sin dejar de besarte sonrío. Por fin a tu lado. Te separas tan solo un segundo y es para susurrarme en el oído un dulce <<Te amo>>. El beso respiraba necesidad el uno del otro y nuestros corazones, desbocados, laten al unísono en un único compás. Te amo, te amo, te amo...
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