martes, 30 de julio de 2013

A la luz de la luna...

Mi corazón va cada vez más de prisa, siento un nudo en el estomago y tengo la sensación de que nada es como debería. Hago tripas corazón y espero sentada en aquel banco del centro vestida con lo que menos me horroriza de mi armario. Ahí está él, sonriente, como siempre. Dios, qué sonrisa, qué ojos. Se saludan con dos besos pero mis palabras se traban ¿Por qué cuando estoy con él se me tropiezan las palabras? Debo parecer estúpida. Una risa nerviosa al escuchar uno de sus chistes. Si es que lo tiene todo. Cualquier chica querría estar con alguien como él. Me gusta ¿Para qué negarlo? Me gusta mucho. Hago un comentario fuera de lugar del que me arrepiento en seguida, sin embargo, el sonríe. Habla y me encanta escucharle. Su forma de hablar, caminar, reír.... Todo es tan perfecto si sale de él... Lástima que él no sepa lo que siento. Ni lo sabrá. Un chico cómo él no querría a alguien cómo yo. Nunca. Sin embargo, al despedirnos, algo cambia, se acciona. Ya no sonríe, me mira fijamente y las mariposas se han sustituido por una montaña rusa. Se está acercando cada vez más, siento su aliento mucho más cerca y no entiendo cómo es que no me ha dado un ataque de corazón cuándo posa sus labios sobre los míos. Hoy la luna brilla más que nunca y un sueño, se ha hecho por fin realidad.

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